Vivir en la frontera: Dejar de ser niña

“Además de no conocer los métodos anticonceptivos, las adolescentes no saben todo lo que implica ser madre; están muy desinformadas, y en ocasiones mal informadas…”
 
Tiene solo 12 años, y pronto será mamá. Lleva debajo de un amplio suéter  rojo un embarazo de 35 semanas. En el rostro, nada. Ni una sonrisa. Ni el asomo más sutil de cualquier tipo de sentimiento que no sea el de la indiferencia.

Con el avanzado estado de embarazo, apenas inició vigilancia médica en el Hospital de la Mujer. Su padre la acompaña. Él ignora quién es el responsable y ella guarda el secreto.

El señor, que aparenta unos 40 años, apenas trata de explicarse a sí mismo lo que sucedió. Su lenguaje es confuso, desarticulado e incongruente, denota muy bajo nivel educativo, y aunque no sale del asombro, piensa apoyar a su hija y querer a su nieto como si fuera su propio hijo. Es lo que dice.

Viven en el poniente de la ciudad. En una zona de alto riesgo, no sólo por los barrancos en los que se construyeron las viviendas, sino por el alto índice de pandillerismo y la falta de infraestructura urbana.

Ella es la  mujer embarazada más joven que se atiende en el Hospital de la Mujer. Pero su caso no es único.

El 20 por ciento de la consulta de ese hospital lo conforman adolescentes menores de 16 años, y otro 35 por ciento tienen menos de 20, dice el ginecólogo Marco Antonio Guzmán, quien se encarga de la clínica de embarazo en la adolescencia.

“La falta de información es la causa principal de embarazos entre adolescentes”, dice el doctor.

Y a esto hay que agregarle la pobreza y la desintegración familiar.

“Además de no conocer los métodos anticonceptivos, las adolescentes no saben todo lo que implica ser madre; están muy desinformadas, y en ocasiones mal informadas, pero además no cuentan con la atención que requieren en esta etapa de la vida por parte de sus familias”, dice Guzmán.

Las mujeres deben conocer los riesgos médicos a los que se enfrentan durante el embarazo, agrega. El mayor número de cesáreas  que se practican es en adolescentes, y esto es porque su cuerpo aún no ha alcanzado el nivel optimo de desarrollo.

“Los riesgos inminentes en embarazo de adolescentes además son los abortos espontáneos, los partos prematuros por la inmadurez de los órganos sexuales y la desnutrición”.

De ello se ha escrito demasiado.

Por ejemplo, Plockinger, una autoridad en la materia, dice en su libroCuando las niñas se convierten en madres, que la mitad de los embarazos ocurre durante los seis primeros meses siguientes al inicio de la vida sexual.

Tanto Guzmán como Plockinger coinciden en que uno de los factores que ponen en mayor riesgo a las adolescentes embarazadas es la falta de información, pero sobre todo la pobreza y el subdesarrollo.

“La adolescente es incapaz de valorar la alternativa de evitar el embarazo” dice Guzmán.

Para Plockinger, el machismo y la necesidad que tiene el varón de probarse como hombre, es un comportamiento usual en los adolescentes.

Las zonas de pobreza, el hacinamiento, la delincuencia, el alcoholismo, son factores que hacen crecer las estadísticas de madres adolescentes.

Un ejemplo es Brenda Márquez. Tiene 18 años y ya es madre. Nunca pensó, cuando inició su vida sexual, que quedaría embarazada en tan poco tiempo.

“Conozco a otras madres muy jóvenes, pero pensé que a mí nunca me pasaría”, dice.

Las estadísticas indican que el de Brenda está lejos de ser un caso aislado. 

Brenda apenas pensaba buscar algún método anticonceptivo cuando supo de su embarazo.

“No tuve tiempo siquiera de vivir al máximo mi sexualidad, cuando me di cuenta que estaba esperando bebe”, se duele.

Las adolescentes con una edad de menarquia precoz, están más expuestas al riesgo del embarazo, porque además ni ellas ni sus padres, ni la sociedad en general, cuentan con la información necesaria para evitar embarazos, dice Guzmán.

Si bien es cierto que el periodo de la adolescencia desde tiempos lejanos se ha considerado un problema que los adultos no logran entender, el embarazo entre ese sector de la población se ha convertido en un problema relacionado con el crecimiento de la población sexualmente activa, dicen algunos expertos.

Fenómeno en ascenso

Varias instituciones de la ciudad cuentan con programas encaminados a la información sobre sexualidad, como El Centro de Integración Juvenil. Sin embargo, dice José Antonio Rivera Rojas, el director, estos casos no se lleva de manera correcta ni dentro de las escuelas, ni en el núcleo familiar.

“Los centros de integración juvenil se ocupan de la prevención, explica Rivera Rojas. “Pero no atendemos casos específicos de adolescentes embarazadas, pues la mayoría de las veces dejan sus estudios”.

El Hospital de la familia también cuenta con un programa para prevenir los embarazos en adolescentes, en donde además se habla de los riesgos de contraer enfermedades de transmisión sexual y de el sida. Sin embargo, los casos continúan en ascenso.

Guzmán insiste en que es fundamental la comunicación entre los padres.

“Muchas veces no existe una familia que alerte a las y los jóvenes sobre los riesgos de un embarazo no deseado”, dice. “Los adolescentes buscan aceptación, compañía, y atención e inician su vida sexual a muy temprana edad, se enamoran y sienten que pueden suplir ciertas carencias familiares con una pareja”.

Un problema más al que se enfrentan las adolescentes embarazadas es la atención medica.

“Si estaban afiliadas al Seguro Social, la mayoría de los casos es por parte de sus padres, pero al quedar ellas embarazadas, dejan de ser aseguradas”, explica el director del Hospital de la Mujer.

En un escenario así, únicamente las madres trabajadores cuentan con el servicio del IMSS; el resto busca clínicas particulares o acuden al Hospital de la Familia y al de la Mujer. Quienes tienen familiares en Estados Unidos, se alivian con parteras.

“Hemos manejado casos de adolescentes que a los 16 años ya quieren ser madres”, dice Guzmán con preocupación.”Este tipo de casos se manejados básicamente en el departamento de psicología”.

Pero no es suficiente. En los hechos, existe un incremento significativo de embarazos entre jóvenes menores de 20 años. Tan sólo en Chihuahua, la cifra sobrepasa los 800 mil casos anuales. Además, los registros de salud hablan de un índice muy alto de  casos de sida en adolescentes.

“Esto hace necesario promover una nueva cultura sexual juvenil, encaminada a la prevención de enfermedades de transmisión sexual y sobre todo del embarazo en la adolescente”, dice Guzmán.

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