Presidencialismo: degeneración que ya corregimos

Tenemos una presidencia democrática, ejercida dentro del marco de la ley. Tenemos poderes fuertes, autónomos: el Judicial está tomando decisiones trascendentes para el país, jamás lo había hecho en el pasado; el Legislativo no sólo da equilibrio al ejercicio del poder sino que ejerce su propio poder: VIcente Fox.

Concluía una ceremonia de reconocimiento a los deportistas mexicanos paralímpicos, alrededor de las 10:30 de la mañana del miércoles 6 de octubre, cuando Vicente Fox Quesada recibió de nuevo a La Nación, la revista de su partido, en la biblioteca de la Casa Miguel Alemán de la Residencia Oficial de Los Pinos.

Ese día, todos, incluyendo al Presidente, lamentábamos la violenta irrupción de los asambleístas del PRD al Congreso de la Unión. Aún así, el Jefe del Ejecutivo fue firme al señalar que él y su Gabinete no escatimarán esfuerzos en la construcción del diálogo, de un gran acuerdo nacional como la única vía de solución para muchas de las más serias problemáticas de México.

Además de afirmar que dedica el 80% de su tiempo a la búsqueda de consensos, recordó que el Ejecutivo desarrollará su propia iniciativa en la búsqueda de incentivos constitucionales para los acuerdos políticos.

Habló también de la extensión de la democracia mexicana y de hacerla eficaz, el gran reto de los próximos dos años, y de que el “presidencialismo, una aberración del sistema presidencial”, como lo calificó, está corregido.

Se le veía tranquilo, de buen humor y contundente en sus apreciaciones. Efectivamente, da la impresión de que, como él siempre lo dice, lo mejor del primer Gobierno federal panista está por venir.

La Nación (LN): ¿Cuáles son los resultados que, a su juicio, van a quedar en el registro como la diferencia del primer gobierno de la República panista?

Vicente Fox Quesada (VFQ): Quizá si lo abrimos en tres áreas lo podemos ver más claro. Primero, la política: ha habido continuidad en extender y profundizar esa demo-cracia por la que México votó el 2 de julio, haciendo cambios como el acotamiento del presidencialismo.

El presidencialismo es una degeneración, una aberración del sistema presidencial. Éste por sí solo es tan bueno como el sistema parlamentario, su gran debilidad es haber degenerado así en el presidencialismo.

Eso está corregido: tenemos una presidencia democrática, ejercida dentro del marco de la ley. Tenemos poderes fuertes, autónomos: el Judicial está tomando decisiones trascendentes para el país, jamás lo había hecho en el pasado; el Legislativo no sólo da equilibrio al ejercicio del poder sino que ejerce su propio poder.

El federalismo, que es uno de los grandes reclamos del PAN, también está en un proceso muy dinámico de convertirse en realidad. La Convención Nacional Hacendaria (CNH) amarra y consolida ese proceso.

Nuestro compromiso con el municipio libre y fuerte se evidencia con las transferencias que hemos hecho a estados y municipios en estos cuatro años. Fue propuesta nuestra incluirlos en la CNH y salieron muchas resoluciones a su favor. No estaban incluidos en el Consejo Nacional de Seguridad, y la propuesta nuestra es que reciban fondos sin que pasen por los gobiernos estatales.

¿Qué falta? Una vez que estamos gozando de la plena libertad las personas, las familias, los medios de comunicación -lo que ha provocado un gran debate nacional, con mucho ruido en los propios medios- nos falta convertir esa democracia en una eficaz, para lo cual se requieren acuerdos y éstos sólo pueden venir del diálogo y de la voluntad política de los actores.

Ha sido un ejercicio difícil, estamos aprendiendo y madurando, y espero que pronto el sistema presidencial opere bajo los equilibrios que marca la Constitución, pero que opere con resultados.

En el terreno económico, democratizar la economía es lo que hemos hecho. No existía una banca social, hoy existe con 10 millones de mexicanos en pobreza extrema que tienen acceso a crédito y a financiamiento.

Hay un mercado de capitales que no tiene ningún otro país emergente, que está financiando el desarrollo nacional. El 60% de esos créditos va por la vía de ese mercado de capitales, y sólo el 40% va por la banca comercial.

Sólo así se puede entender que este año se estén invirtiendo 129 mil millones de pesos en vivienda, más de 150 mil millones de pesos y más de 55 mil millones en carreteras e infraestructura: más de lo que hizo el gobierno anterior en seis años.

En el terreno social es donde más avances hay. En los dos pri-meros años hubo una reducción del 16% de familias en extrema pobreza, el crecimiento del programa Oportunidades de dos millones 200 mil familias a cinco millones, el crecimiento a más del doble del programa de becas, el Seguro Po-pular que llegará a millón y medio de familias este año y a cinco mi-llones de familias en el 2006.

En educación, Escuelas Inteligentes es el programa estrella: un aula inteligente será la que tenga un pizarrón electrónico, el libro de texto gratuito digitalizado, todos los apoyos que el maestro necesita para impartir educación de calidad. Al final del sexenio, los 170 mil quintos y sextos grados de primaria del país estarán convertidos en aulas inteligentes.

LN: Quedan dos años, parece poco tiempo. ¿Serán suficientes para hacer la democracia eficaz?, y ¿qué otras metas específicas existen?

VFQ: Sí, son dos años, pero ya sembramos durante cuatro. Debe venir la cosecha en muchas áreas.
En estos dos años, desde nuestro punto de vista, está lo mejor por venir, en un entendido muy claro de que falta muchísimo por hacer y que por más que veamos estos resultados la expectativa de la gente es mucho más alta, y con sobrada razón, pues tenemos muchísimos rezagos.

Te diría que este gobierno va a cumplir con su aportación en lo que se puede hacer en seis años. Pero tú misma en la pregunta marcas el reto más grande: si vamos a lograr hacer eficaz la democracia y operar con eficiencia y armonía el sistema presidencial.

Aquí no vamos a escatimar esfuerzo por el diálogo y por el acuerdo. Estoy poniendo el 80% del tiempo del Presidente y el 70% del tiempo de los secretarios a ese propósito.
Quiero decir aquí, afortunadamente, que hay experiencias de que se va a poder lograr esto si hay voluntad política.

El caso de la Convención Nacional Hacendaria, del Acuerdo Nacional para el Campo, de la renovación total del Consejo Nacional de Seguridad, de la Conago, son prueba de la capacidad para llegar a acuerdos. Nos falta a nivel nacional el gran acuerdo, y eso tiene pendientes las reformas estructurales.

En contra de esta voluntad y de estos vientos favorables que soplan por los acuerdos tenemos el 2006, y antes una gran cantidad de elecciones locales que frecuentemente son el motivo del distanciamiento.

Al final, la ciudadanía dará su propio juicio de dónde estuvo lo que impidió que llegáramos a los grandes acuerdos que son indispensables para el país.

LN: Con este contexto y los obstáculos inherentes a una transición, ¿el Gobierno se siente atado en su operación?

VFQ: En cuanto a obstáculos, la transición tiene dos características fundamentales: que partimos de un pasado de enormes rezagos, con instituciones, varias de ellas, que estaban en total deterioro o quebradas -aquí puedo citar a la PGR, Banrural, Nacional Financiera, Fonacot, el campo. Al mismo tiempo, con estructuras corporativas viciadas de corrupción e impunidad.

Frecuentemente se habla de la transición española y los grandes logros que alcanzó en 25 años. Basta recordar aquellos primeros años de su transición para ver que hay muchas piedritas en el camino: hubo tomas del Congreso, hubo más de cinco mil huelgas, hubo violencia los primeros tres años.

Me parece que en ese sentido, el cambio en México lleva buen ritmo.

LN: Ahora ya hay una experiencia acumulada y cuatro años de ejercicio, ¿qué cosas haría diferente?

VFQ: Lo principal tiene que ver con lo político, con la eficacia de la democracia, y ahí más que hacer diferente te-nemos que hacer más esfuerzo, con más profundidad, con más vol untad, con más tolerancia, porque al fin y al cabo estamos en esta situación de no contar con una mayoría parlamentaria.

Hay una gran inquietud por reformar, y aquí se plantea el sistema semipresidencial, sistemas parlamentarios, segunda vuelta, el facilitar ampliamente las alianzas y los acuerdos parlamentarios entre las distintas fuerzas políticas, en fin, meter instrumentos que faciliten los acuerdos.

En ese sentido, el Ejecutivo va a desarrollar su propia iniciativa para llevarla al Congreso, precisamente para dejar una herencia para que esta situación no se repita de la manera en que sucedió en estos cuatro años.

A mí me parece que los híbridos no funcionan, que no es ese el camino. El híbrido de semipresidencial o de semiparlamentario es como meter ideas en una licuadora y pretender que de ahí salga un producto que va a funcionar por sí mismo.

Creo que debemos hacer eficaz y productivo al sistema presidencial, con una presidencia acotada.

LN: Hace un momento mencionó el gran debate nacional sobre el papel de la prensa y la libertad que ahora existe, ¿cuál es su postura respecto a la forma de ejercer esa libertad?

VFQ: Es muy clara: hemos sido totalmente respetuosos; más allá: intensamente promotores de la libertad más amplia que puede existir tanto para los ciudadanos como para los medios de comunicación. Sólo que hay que esperar una regla de oro: a mayor libertad más responsabilidad, y esto no está aparejado, hay una gran brecha entre libertad y responsabilidad en los medios de comunicación.

Los medios de comunicación en México no sólo gozan de libertad sino de gran influencia en la opinión pública, ejercen un poder, hay quien dice “un cuarto” poder y sí están muy cercanos a serlo. En ese sentido, son tan responsables de la conducción de la marcha del país como pueden serlo la inversión de los empresarios o las acciones del Presidente de la República.

Todos, todos, todos, todos, y lo podría citar 100 millones de veces, somos responsables de la marcha del país.

LN: ¿Cómo es la relación del Presidente con el PAN?

VFQ: También fue sujeto de un proceso. No habíamos vivido antes una relación entre el Partido y el Presidente de la República emanado de sus filas, y hemos tenido que ir evolucionando y adaptándonos. Pero sí te puedo decir que del punto donde empezamos el 1 de diciembre del 2000 al del 6 de octubre del 2004, es profundo también el cambio.
Hay una relación intensa, frecuente, profesional y seria, y sostenemos además uno de los principios básicos del Partido: la debida y respetuosa distancia entre el Gobierno y el Partido.

LN: Desde el punto de vista del militante panista, ¿qué necesita hacer el Partido para continuar gobernando al país?

VFQ: Ver a un metro de distancia 2006, a dos metros de distancia 2006, a tres metros de distancia 2006, a cuatro metros de distancia 2006, a un kilómetro de distancia 2006, a tres kilómetros de distancia 2006, a una milla de distancia 2006.

Necesitamos concentrar la energía, los esfuerzos, los recursos, la atención del Partido en el 2006. Es una gran responsabilidad para todos asegurarnos de que sigan que sigan vigentes y operándose los valores y los principios que comulgamos.

Se dice que el Presidente de la República -y bien se dice- no debe intervenir en el proceso electoral. Absolutamente cierto, así va a ser y así lo voy a respetar. Pero a la vez soy ciudadano y quiero lo mejor para el país hacia delante, y por tanto la obligación del primer Presidente de la República panista y de su equipo de trabajo es entregar buenas cuentas al pueblo de México, y lo vamos a hacer.

Me consta lo que hemos trabajado, lo que hemos sembrado, a veces no ha sido muy bien entendido, a veces ha sido distorsionado, a veces no ha sido lo correcto, pero el conjunto es favorable para México y los indicadores de desarrollo del país así lo muestran.

El Presidente no pudo evitar reír y que la emoción se manifestara en su rostro cuando, para concluir la entrevista, recordó el 2 de julio del 2000 y “el gusto extraordinario” que le dio ganar, “sobre todo porque eso no es obra de quienes anduvimos en la campaña, eso se viene construyendo desde la fundación misma del PAN”.

En este ambiente se retiró para poder llegar a tiempo a su siguiente compromiso.

“¿Y ahora pa’ dónde, Tonathiu?”, preguntó mientras seguía al hombre del Estado Mayor Presidencial que siempre lo acompaña.

La Nación / Reporte Especial

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