Por una sociedad intolerante a la corrupción

Tanto en materia de transparencia como de combate a la corrupción y modernización institucional, la Secretaría de la Función Pública puede ofrecer buenas cuentas, aseguró su titular Eduardo Romero Ramos.
 
El ex secretario de Gobierno de Chihuahua ofreció a La Nación el detalle de lo realizado por la otrora Contraloría Federal, y de él resaltó que la dependencia “lleva el grueso de los temas de buen gobierno de esta administración”, cuyo objetivo es lograr que cueste menos y sea más eficiente.
 
“Para mí, el reto es formar parte de un gobierno que impulsa el cambio que requiere la sociedad mexicana, un cambio que es absolutamente necesario y en el que creo”, enfatizó.

Romero Ramos añadió que trabajar para el primer gobierno federal panista significa una oportunidad de servir a los mexicanos, a la sociedad en su conjunto, “una oportunidad también de impulsar e ir haciendo realidad postulados muy importantes”.

Transparencia, logros a la vista

Tras reconocer que se trata de temas muy amplios, Eduardo Romero Ramos detalló que en materia de transparencia la Secretaría a su cargo lleva un programa de gran trascendencia institucional, que se relaciona también con el combate a la corrupción y el desarrollo de la administración pública.

“En el tema de la transparencia, los logros están a la vista”, pues a partir de la llegada del presidente Fox se ha ido transparentando cada vez más la información pública en posesión del Gobierno. Un derecho ciudadano que se ha hecho realidad.

Más de 47 mil solicitudes de información tramitadas en poco más de un año -desde que la Ley de Acceso a la Información entró en vigor- son prueba fehaciente de cómo este derecho y la transparencia informativa de este Gobierno son una constante.

Para Romero Ramos, un gobierno que oculta su información, que mantiene en la secrecía sus actividades, “no puede mantener la confianza de la sociedad. Ésta confía en lo que es transparente, en los gobiernos que rinden cuentas”, señaló.

Y apuntó que se trabaja fuerte en la búsqueda de mejorar el servicio que brinda el Gobierno federal. “Hoy en día, en los índices de transparencia del Foro Económico Mundial de Davos, Suiza, avanzamos del sexto al segundo lugar, ubicándose después de Chile, en contrataciones gubernamentales”, resaltó el funcionario.

Crear conciencia

En cuanto al combate a la corrupción, afirmó que es un logro de la actual administración federal que la sociedad tome conciencia de que se trata de un problema mayúsculo por atender, “que los problemas no se resuelven si no están en la agenda y que no se resolverán si no se establecen programas institucionales de largo aliento que los vayan atacando”.

Romero Ramos informó que si las estimaciones de los expertos internacionales son correctas, el costo de la corrupción para un país como México equivale a lo que se invierte año con año en educación.

Incluso, “en este rubro (educación) no llegamos al 6% del PIB, en tanto que se estima que la corrupción puede llegar al 9% del PIB, de toda la generación de riqueza en este país año con año”, alertó.

Así, el esfuerzo se encamina a que todos los mexicanos consideremos que la corrupción es algo más concreto, “que lo podemos resolver en nuestra familia, en nuestra oficina, en la dependencia de gobierno, en la empresa, en el sindicato, en los partidos políticos”; es decir, que la problemática de la corrupción se conceptualice en niveles dominables.

“Me parece que así iremos avanzando con más rapidez”, sentenció.

Educación, el gran aliado

El Secretario de la Función Pública consideró que un obstáculo para avanzar es la idea de que la corrupción es connatural al mexicano. De ahí se desprende el trabajo con la Secretaría de Educación Pública (SEP) en planes piloto en todos los niveles educativos, para introducir temas relativos a la necesidad de que los niños identifiquen que las trampas son indebidas, qué son, cuándo y por qué no deben hacerse.

Existe también un convenio con la Asociación Nacional de Universidades e Instituciones de Educación Superior (ANUIES), por medio del cual se reintroduce la materia de ética profesional en las carreras universitarias, “algo que durante los ochenta y los noventa quedó fuera de los programas en la mayor parte de las universidades”, recordó el funcionario.

“Trabajamos en el problema desde muy diversos enfoques, desde muy diversos puntos de vista, y sabemos que ninguna estrategia concreta nos va a dar el éxito completo, pero sabemos que la suma de todas ellas, poco a poco, van induciendo el cambio cultural que México necesita”.

En esta línea, afirmó que la meta es llegar al día en que la sociedad sea, verdaderamente, intolerante a la corrupción, porque así “este fenómeno se va a reducir a niveles mínimos”.

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