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Mas allá del oro negro

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Mas allá del oro negro

En la secuencia final de la cinta Volver al Futuro, el doctor Emmett Brown (Christopher Lloyd) aterriza en el frente de la casa de Marty McFly, un adolescente amigo suyo personificado por Michael J. Fox. En el clásico de la filmografía sobre viajes en el tiempo, Brown urge a McFly y su novia a ir con él hacia el futuro, mientras vierte basura en un generador del automóvil. Robert Zemeckis partió de un principio básico para escribir esa parte del guión, que ya dominaba conciencias en la naciente década de los 80’s: el uso de energías alternativas.
 
En la secuencia final de la cinta Volver al Futuro, el doctor Emmett Brown (Christopher Lloyd) aterriza en el frente de la casa de Marty McFly, un adolescente amigo suyo personificado por Michael J. Fox. En el clásico de la filmografía sobre viajes en el tiempo, Brown urge a McFly y su novia a ir con él hacia el futuro, mientras vierte basura en un generador del automóvil. Robert Zemeckis partió de un principio básico para escribir esa parte del guión, que ya dominaba conciencias en la naciente década de los 80’s: el uso de energías alternativas.

Los personajes se transportarían al 2015, donde el mundo visualizado por Zemeckis y su coguionista, Bob Gale, era una atmósfera surcada por naves voladoras que ya no requerían de combustibles a base de petróleo. Estados Unidos, y en sí el mundo occidental, había atravesado por una segunda gran crisis energética y patrocinaban las operaciones bélicas de Saddam Hussein en su guerra contra Irán, como una acción fundamental por retomar ciertos controles sobre los mercados petroleros del mundo. Ese era el contexto de la primera saga del filme.

Una década antes, en 1973, cuando las naciones árabes cancelaron sus exportaciones de crudo hacia Estados Unidos y sus aliados, como una medida de apoyo a Egipto y Siria, que entonces libraban una guerra contra Israel, el colapso de la economía occidental fue mayor. La enorme dependencia que se tenía del petróleo como fuente primaria de energía no solamente sirvió para arruinar industrias y economías familiares, sino para que un país decidiera explorar fuentes distintas para proveerse de movimiento.

Brasil apostó a la generación de un combustible alterno, el etanol, para sustituir paulatinamente el uso de gasolinas. La idea de depender cada vez menos del petróleo y sus derivados, y consecuentemente de catástrofes financieras, llegó a una primera meta dos años más tarde, cuando un programa gubernamental llamado proálcool obtuvo financiamiento suficiente para buscar avances en ese rubro, y también para reducir impuestos a combustibles y automóviles que se valieran de etanol, generado en ese país, a partir de la caña.

Pasados los primeros 30 años desde entonces, Brasil es la principal potencia en generación de etanol, con cerca de 17 mil millones de litros anuales, y también la nación de mayor consumo. El largo proceso de desprendimiento ha visto sin embargo sus propias crisis, y el etanol dista mucho de ser un combustible con autonomía suficiente para consolidarse como un energético de grandes alcances mundiales.

La generación de energía alterna al petróleo se ha vuelto prioridad en otros lugares, como Estados Unidos, China, India y la Unión Europea. Nuevas amenazas de desabasto del energético, que esta vez algunos expertos adjudican al agotamiento de las fuentes de fácil acceso al crudo ligero, han contribuido a ello. El etanol ha comenzado a emplearse obligadamente en la oxigenación de gasolina y diesel en varios de esos países, y los gobiernos han decretado apoyos fiscales para alentar la fabricación de vehículos flex, dotados de motores que pueden carburar con biocombustibles o con etanol y gasolina de manera indistinta.

Si bien la apuesta es convertir al etanol en una fuente de energía primaria, hay obstáculos que deben sortearse. La materia prima del etanol en Brasil y otros países ha sido la caña de azúcar, y en Estados Unidos y la Unión Europea el maíz. En cualquiera de los casos, los especialistas han dicho que se requiere de grandes extensiones de tierras para cultivarles, y la demanda que necesita el mundo hace difícil imaginar cosechas sin erosiones.

Además de tierra y agua, los cultivos requieren también de abonos, pesticidas y maquinaria que se producen y operan a base de petróleo. Al final, dicen quienes no son muy entusiastas de la alternativa, el impacto en el medio ambiente y la salud de los humanos sería peor.

El agotamiento de los mantos petroleros, sin embargo, es inexorable. Y esa es la cuestión de fondo. Actualmente, el mundo consume unos 30 mil millones de barriles de crudo cada año. Eso equivale a unos 85 millones de barriles por día, y las estimaciones del gobierno de los Estados Unidos dictan que ese requerimiento aumentará hasta llegar a los 118 millones de barriles diarios en el 2030. El consumo actual equivale a casi el 39 por ciento de la energía global, y 90 por ciento de ese total se gasta en vehículos e industria.

Prescindir del petróleo como fuente de energía primaria es algo impensable de momento. O no tanto.

A mediados de la década de 1950, el geofísico texano Marion King Hubbert aplicó el máximo de la lógica para concluir que una reserva petrolera llegaría a un declive irremediable al alcanzarse la curva de máxima generación. El cenit en los campos norteamericanos, predijo, llegaría en la década siguiente o comenzando los 70’s. La crisis energética de 1973, si bien no obedeció a un agotamiento global de fuente alguna, le concedió la razón pues la disponibilidad de petróleo y gas de cualquier forma se vio afectada.

Hubbert murió en octubre de 1989 dejando como herencia otra teoría inquietante: el declive en la extracción de petróleo comenzaría, dijo, entrando el siglo XXI. Es algo que no ocurrió tal cual en el año 2000, pero la Asociación para el Estudio del Pico del Petróleo, una red de científicos comprometidos en hallar el cenit de producción petrolera, concluyó que la teoría, conocida como Pico de Hubbert se cumplirá este 2007.

Al margen de predicciones, los países más industrializados hace tiempo comenzaron a moverse, pero el 2006 fue particularmente sintomático.

El 28 de septiembre, el presidente George Bush se dirigió al pueblo de los Estados Unidos con un discurso sobre energía desde el Centro de Seguridad Pública, en Hoover, Alabama. Básicamente dijo que la nación no podía depender más tiempo de las exportaciones del petróleo y alentó la búsqueda de materia prima distinta al maíz para generar etanol. Para ello anunció partidas millonarias que se destinarán a la investigación y desarrollo de nuevas tecnologías, en universidades como la local, Auburn.

“Es de interés nacional que el etanol penetre más mercados, es decir, que más personas usen etanol”, dijo.

Que el mandatario haya elegido esa comunidad del medio oeste de los Estados Unidos no fue obra de la casualidad. En Hoover, la flotilla del departamento de policía emplea patrullas cuyos motores fueron adecuados para carburar con una base de E85, es decir, 85 por ciento de etanol por un restante de gasolina. Bush sustentó la búsqueda de una materia prima distinta al maíz porque de alguna manera deben alimentarse vacas, cerdos y humanos, dijo. Pero fuera de sus fronteras, la demanda enorme que tuvo el maíz justo para producir etanol tuvo sus repercusiones, sobre todo en México, donde disparó el costo de la tortilla.

Estados Unidos es la segunda nación productora de Etanol, con poco más de 16 mil millones de litros, muy cerca de los 17 mil que produce Brasil. Muchos de los automóviles que circulan en sus autopistas llevan motor flex, sin que sus propietarios lo sepan, dijo Bush. Los híbridos no son la única cosa que alentó el gobierno de ese país. Gran parte de la gasolina que se consume allí tiene un 10 por ciento de etanol, como oxigenante, y eso es parte de las políticas adoptadas para buscar la independencia del petróleo.

Con el apoyo decidido de su gobierno, igual que ocurrió 30 años atrás en Brasil, los científicos norteamericanos trabajan para encontrar la manera de generar etanol con la resina que contiene el aserrín, por ejemplo, y buscan también la forma de aplicar alta tecnología que les permita sustituir el maíz con tallos, bagazo o restos de cualquier otra planta. Pero eso requeriría de años de estudios y miles de millones de dólares antes de volverse realidad.

Entre tanto, los Estados Unidos buscan campos de cultivo en otras latitudes y encarecen los precios del maíz dentro y fuera de su territorio.

El gobierno de República Dominicana está por cerrar un acuerdo con inversionistas norteamericanos para elevar sus cultivos de caña y contribuir así a la generación de etanol. La idea es obtener unos 100 millones de galones anuales a partir del 2013, dijo el director del Consejo Estatal del Azúcar de ese país, Enrique Martínez.

“Todo depende de que podamos conformarnos los interesados en desarrollar la industria de la caña y que se instalen las fábricas y destilerías de etanol, así como la instalación de nuevos ingenios de azúcar”, declaró a la prensa apenas el domingo 21 de enero.

Las pláticas con República Dominicana son una parte de la explosiva búsqueda de los Estados Unidos en la región.

Un par de días antes de que Martínez hiciera del dominio público el avance de las negociaciones, otros inversionistas estuvieron en Nicaragua, interesados en fomentar el aumento en los cultivos de maíz con fines de compra para generar etanol.

Los requerimientos elevados del grano para generar etanol son algo que preocupa sobremanera. Muchos analistas han advertido a cerca de las repercusiones que tendrá la demanda de maíz, no solamente en cuestiones ambientales, sino en el inmediato aumento de los niveles inflacionarios. El que los productores norteamericano estén por lograr un nuevo orden de poder, comienza a poner nerviosos a los dueños de las plantas que procesan alimentos.

El maíz está presente en una buena porción de productos alimenticios. Además de cereales y alimento básico para ganado y aves de corral, es materia prima en refrescos y jarabes. Los productores de leche dentro del mismo territorio de los Estados Unidos, como los de Idaho, han expresado su inquietud ante una eventual reducción en la generación de lácteos, si persisten a la alza  los costos del grano o el forraje con el que alimentan sus vacas.

Algunos economistas, como Michael Swanson, de Wells Fargo, le conceden razón a los ganaderos. Él, junto con varios otros expertos, se preocupa por el vertiginoso crecimiento de la industria del etanol en los Estados Unidos. Los crecientes suministros de etanol y la baja en los precios de la gasolina se han combinado para reducir en un 45 por ciento el precio del galón de etanol en el piso de remates. El aumento en las importaciones brasileñas de etanol derivado de la caña de azúcar, ha contribuido también a la baja del precio.

Las razones del gobierno norteamericano para alentar la producción de etanol y buscar materia prima distinta al maíz sobran. Pero igual que China, India, Rusia o la Unión Europea, están lejos de alcanzar metas intermedias que permitan al menos vislumbrar un futuro sin petróleo como energético dominante.

En Brasil, el gigante en la producción de etanol y el gran experimentado en políticas e incentivos que alienten su uso, se comparte esa misma realidad. Si bien la flotilla de vehículos que circula por el país lo hace con un combinado de 25 por ciento etanol por 75 de gasolina, la falta de infraestructura hace lejano el día en que se conviertan en los grandes exportadores del combustible a base de alcohol de caña.

El gigante sudamericano enfrenta otro dilema. En tres décadas el gobierno ha sido incapaz de instrumentar regulaciones de mercado que ayuden a garantizar el abasto interno. La relación entre producción de azúcar y alcohol combustible es todavía estrecha en Brasil. Un eventual encarecimiento del azúcar en los mercados internacionales, no haría difícil la opción de los productores de caña: sencillamente dejarían de producir etanol para generar azúcar. Y el problema que se avecina es justamente ese, el del buen mercado del segundo producto, según los analistas.

Al final de cuentas, ya sea por cuestiones de mercado, políticas frágiles como las que exhibe aún Brasil, por la insignificante producción de otros países productores como México o el resto de las naciones del Caribe, por previsiones y búsquedas en los Estados Unidos o la Unión Europea, el etanol parece que deberá aguardar unas décadas antes de tomar el lugar del petróleo como fuente de energía principal.

El 2015, según los seguidores del Pico de Hubbert, puede ser el principio de una catástrofe debido a los elevados costos del petróleo y sus derivados y el consecuente desencadenamiento de aumentos en todo orden de servicios y productos que harán de la vida moderna algo insostenible. Es el año en el que Zemeckis visualizó también esa otra manera de combustión a base de alcohol extraído de la basura. El mundo verá pronto cuál de las dos visiones fue la más cercana a la realidad.

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