La migración en la aldea global

Un informe subraya las oportunidades y los desafíos. 

NUEVA YORK,  (ZENIT.org).- Cómo afrontar la situación de los cerca de 200 millones de inmigrantes del mundo ha sido el tema de un informe hecho para el Secretario General de Naciones Unidas, Kofi Annan, el 5 de octubre.

Los 19 miembros de la Comisión Global sobre Migración Internacional, establecida hace ya casi dos años por Annan y algunos gobiernos, ha tenido la tarea de desarrollar una política que se ocupe de temas de migración.

Al recibir el informe, Annan declaró que la migración plantea «uno de los más importantes desafíos» del siglo XXI. El informe, titulado «Migración en un Mundo Interconectado: Nuevas Directivas para la Acción», precisa algunos principios para dirigir la acción política. Los principios afirman:

— Las personas deben tener la oportunidad de emigrar más por opción que por necesidad, de una forma segura y autorizada y porque sus capacidades se valoren y necesiten.

— Debería reconocerse y reforzarse el papel de los inmigrantes en la promoción del crecimiento económico, el desarrollo y la reducción de la pobreza; la emigración debe convertirse en parte integral de las estrategias globales de desarrollo.

— Los Estados, ejerciendo su derecho soberano a decidir quién entra en su territorio, deben cooperar los unos con los otros en un esfuerzo por prevenir la emigración irregular, respetándose entretanto plenamente los derechos de los inmigrantes y refugiados y readmitiendo a aquellos ciudadanos que vuelven a su país de origen.

— Los inmigrantes a largo plazo y autorizados deberían integrarse en las sociedades donde se asienten, para acomodar la diversidad social y fomentar la cohesión social; los inmigrantes deben estar enterados de sus derechos y respetar sus obligaciones legales.

— Ha de ponerse en ejecución de modo más efectivo el marco de derechos humanos que afectan a los inmigrantes internacionales, así como mejorar la protección y los estándares laborales disponibles para los inmigrantes.

— Las políticas de emigración deberían realzarse, para mejorar su coherencia y reforzar su capacidad a nivel nacional, por medio de una mayor cooperación a nivel regional, y un diálogo más efectivo y consultas entre gobiernos y entre organizaciones internacionales.

Positivo y negativo
El informe defendía que la emigración «hace una gran y en gran parte desconocida contribución a la economía mundial». Además, dadas las bajos índices de natalidad en muchos países industrializados, la prosperidad económica continuada de estas naciones dependerá en parte de la emigración internacional. Y, para sus países de origen, el dinero enviado a casa por los inmigrantes alcanza unos 150.000 millones de dólares al año – tres veces el valor de la asistencia oficial al desarrollo.

En cuanto a los efectos económicos de la emigración, el informe observaba algunas tensiones en los últimos años entre gobiernos y el mundo de los negocios. Haciendo frente a las restricciones a la emigración, algunas empresas buscan suavizar las políticas, amenazando en ocasiones con trasladar un parte de sus operaciones al extranjero donde puedan encontrar más fácilmente a las personas que necesitan.

El informe también trataba otros problemas asociados con la emigración, como la emigración ilegal o «irregular». Este fenómeno, especialmente cuando implica contrabando, plantea problemas tanto para los países de acogida como para los inmigrantes mismos. Los Estados tienen el derecho de defender sus fronteras, pero su capacidad para controlar el flujo de personas es limitada, y en el proceso pueden peligrar los derechos de los inmigrantes y refugiados.

Y, dentro de los países receptores de inmigrantes, el informe observaba que algunos tienen miedo de los recién llegados, un miedo que algunas veces los políticos y los medios de comunicación empeoran. Un problema relacionado es el de la seguridad. Los últimos incidentes que han implicado violencia cometida por inmigrantes han llevado a la percepción de que hay una conexión cercana entre emigración y terrorismo, comenta el informe. Y el crecimiento de la emigración irregular es contemplado como una seria amenaza a la seguridad.

Hasta ahora el informe ha recibido poca atención de los medios de comunicación. Un comentario el día 6 de octubre, en el periódico británico Financial Times, criticaba algunos aspectos. Según Jagdish Bhagwati, profesor de la Universidad de Columbia, donde dirige el programa «Migración: Economía, Ética y Derecho», el informe no acierta debido a que la comisión está formada por «activistas, políticos y burócratas internacionales retirados».

Bhagwati se lamentaba de que el informe no invitara a ningún erudito del mundo académico. También defendía que el informe erraba a la hora de distinguir con más precisión los diferentes casos de emigración cualificada y no cualificada.

Reforma de la inmigración
La migración y las dificultades que afrontan los inmigrantes también es un tema de preocupación para la Iglesia. El 10 de mayo la Conferencia Episcopal de Estados Unidos, junto con algunas organizaciones, lanzaba una iniciativa titulada: «Justicia para los Inmigrantes: un Viaje a la Esperanza. Campaña Católica para la Reforma de la Inmigración».

Según una nota de prensa publicada por la Conferencia Episcopal de Estados Unidos, el objetivo de la campaña es una reforma comprehensiva de la inmigración. En parte, busca educar a los católicos y a otros sobre las ventajas de la educación, y así influir en la opinión pública sobre el tema. También presionará para lograr reformas en las leyes de inmigración y mejorar los servicios ofrecidos por las organizaciones católicas para asistir a los inmigrantes.

Más recientemente, monseñor Gerald Barnes, obispo de San Bernardino, California, dio su testimonio ante el comité judicial del senado de Estados Unidos, defendiendo que el sistema de inmigración del país es «moralmente inaceptable», según una nota de prensa de la conferencia episcopal del 27 de julio.

«El actual sistema de inmigración, que puede conducir a la separación familiar, al sufrimiento e incluso a la muerte, es moralmente inaceptable y debe reformarse», afirmó. El obispo sugirió que el Congreso considerara un paquete de medidas económicas para ayudar a los sectores de la economía mexicana que emplean a trabajadores poco cualificados. También pidió un programa de legalización de inmigrantes que ayudase a conservar las familias unidas y a mejorar los salarios y las condiciones laborales de todos los trabajadores.

En Europa, seis organizaciones de la Iglesia y cristianas enviaron una carta, con fecha 14 de junio, a Jean-Claude Juncker, presidente del Consejo de Europa, sobre su preocupación por algunos aspectos de las políticas de inmigración de la Unión Europea.

En la carta aplaudían los esfuerzos por establecer una política de inmigración y un sistema de asilo común en la Unión Europea. Pero acentuaban que debía «centrarse en la dignidad inalienable de todo ser humano y respetar así los derechos humanos».

No criminalizar a los inmigrantes
La carta también pedía que se reconociera el fenómeno de la inmigración ilegal y que se tuviera en cuenta en cualquier política de inmigración la necesidad tanto de trabajo cualificado como no cualificado. Las organizaciones también pedían que la legislación de la Unión Europea no criminalizara a los inmigrantes en situaciones irregulares. Y, dado que la inmigración tiene un impacto considerable sobre los países de los que vienen los inmigrantes, recomendaban que se mejorara la cooperación entre la Unión Europea y estas naciones.

En Australia, los obispos católicos se han mostrado críticos con algunos aspectos de las políticas de inmigración del gobierno federal, especialmente en lo que respecta al trato de los inmigrantes ilegales. El 20 de junio, monseñor Joseph Grech, presidente del comité episcopal para los inmigrantes y refugiados, alabó los cambios del sistema de detención anunciados por el primer ministro John Howard.

Monseñor Grech afirmó que aplaudía especialmente el anuncio de que las familias con niños serían acogidas en hogares comunitarios en vez de en centros de detención tras alambradas, mientras se determinan sus procesos.

Y en una medida para acelerar los procesos de asilo, monseñor Grech observó la preocupación entre los australianos por el largo periodo de tiempo que las personas pasan detenidas. Las mejoras parecen ser un paso en la dirección correcta, agregó. Se necesitarán muchos más pasos.

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