Fervor Guadalupano

En el 476 aniversario de la aparición de la Morenita, miles de penitentes comenzaron a llegar desde ayer, y como cada año, a cumplir sus promesas por los favores recibidos o que esperan recibir de la Virgen de Guadalupe. Unos con las rodillas desgarradas o el sudor que escurre por sus frentes por las largas caminatas, otros con la espalda adolorida y los brazos entumecidos por cargar en hombros la figura de la Morena del Tepeyac. 

Llegaron como pudieron a la Villa de Guadalupe, a pie, en bicicleta, en coche, en camioneta, en moto, o incluso en hombros de otra persona, procedentes de todos los rincones del país para festejar a “la Virgencita”, para darle gracias o para pedirle algún milagro. También para agradecerle anticipadamente por otro año que termina.

Unos con las rodillas desgarradas o el sudor que escurre por sus frentes por las largas caminatas, otros con la espalda adolorida y los brazos entumecidos por cargar en hombros la figura de la Morena del Tepeyac, son esos cientos de miles de penitentes que llegaron como cada año, a cumplir sus promesas por los favores recibidos o que esperan recibir.

En el 476 aniversario de la aparición de la Morenita, la calzada de Guadalupe en el Difstrito Federal se transformó en un río de gente en el que se mezcló lo mismo la fe que incluso el fanatismo.

Sin importar la distancia, el frío o los gastos que implica trasladarse a la Basílica de Guadalupe, fieles de todas las edades, incluso extranjeros, así como familias enteras durmieron anoche en el exterior del santuario.

Más de 1.400 agentes de seguridad han puesto en marcha una amplia operación que incluye el corte de calles y la reordenación del tráfico en la zona norte de la capital mexicana.

Cohetes y fuegos artificiales saludan al amanecer, y se observa alegría por doquier, lo cual indica el regocijo de las almas mexicanas que adoptaron una nueva nacionalidad: la guadalupana.

Hoy está previsto celebrar un magno «evento popular» en el que habrá una gran misa y se le cantarán a la Guadalupana «Las mañanitas» (canción de cumpleaños típica mexicana), como festejo por un aniversario más.

Un grupo de 22 artistas famosos cantarán a la Virgen, entre ellos María Victoria, Lucero, Marco Antonio Solis, Carlos Benavides y Guadalupe Pineda.

Posteriormente, a medianoche, el rector de la basílica, Diego Monroy, oficiará una misa.

476 años antes

Fue un sábado de 1531 a principios de diciembre, cuando un indio llamado Juan Diego, iba muy de madrugada del pueblo en que residía a la ciudad de México a asistir a clase de catecismo y a oír la Santa Misa.

Al llegar junto al cerro llamado Tepeyac amanecía y escuchó que le llamaban de arriba del cerro diciendo: «Juanito, Juan Dieguito».

La Virgen Santísima se apareció en el Tepeyac al Beato Juan Diego en 1531. Como prueba de su visita la Virgen milagrosamente hizo que en aquel lugar aparecieran preciosas rosas de Castilla y que su imagen se quedara permanentemente en la tilma de su siervo.

De esta forma fue un precedente en la historia mexicana y de todo el mundo que culminó con la beatificación de Juan Diego en la Basílica de Guadalupe por el Papa Juan Pablo II.

La hermosura de su cuerpo refleja la divina pureza de su alma.La imagen grabada de manera milagrosa ha sido objeto de estudios científicos, que han comprobado su autenticidad, lo cual les da a los mexicanos una fe iluminada por la inteligencia y la ciencia, y una sabiduría esperanzadora e invencible que nadie perturbará.

Sincretismo religioso

NUESTRA SEÑORA DE GUADALUPE (del náhuatl, cuatlaxopeuh “la que pisoteó la serpiente”, y del árabe-marroquí, uad-al-hub “río de amor”) (1531).

La figura de la Virgen de Guadalupe grabada en la tilma de Juan Diego, además de su carácter religioso tiene una importante connotación astronómica, pues detalla el cielo del 12 de diciembre de 1531, afirmó Eddie Ariel Salazar Gamboa.

En entrevista, el catedrático del Instituto Tecnológico de Mérida (ITM) señaló que la noche de la aparicíon de la Virgen María en el cerro donde se adoraba a la diosa azteca Tonatzin, también es una muestra de sincretismo religioso.

De acuerdo con el también astrónomo, el día del «milagro guadalupano» se registraba el solsticio de invierno, concepto astronómico que representa la noche más larga del año y la máxima declinación del sol al sur.

Ello, explicó, se demuestra en la tilma del ahora San Juan Diego con la posición de las 46 estrellas más brillantes de la bóveda celeste que se apreciaron el 12 de diciembre de 1531.

Abundó que este hecho se confirma al verificar que en el costado izquierdo del ayate están las constelaciones existentes en el sur de la bóveda celeste, mientras que en el derecho, las del norte.

Dijo que en el costado izquierdo de la virgen están las constelaciones de Ofiuco, Escorpión, Lobo, la Cruz del Sur, y en la parte inferior, la solitaria y brillante estrella Sirio.

«Mientras que en la derecha están las constelaciones de Boyero, Osa Mayor, la Cabellera de Berenice, Lebreles y Thuban, la más brillante de Dragón», comentó.

Incluso, continuó, hubo una alineación de Venus, Mercurio y Júpiter, minutos antes del amanecer, y justo cuando la cabeza de la virgen morena estaba en el cenit.

Salazar Gamboa expresó que la Virgen de Guadalupe es una forma de plasmar el cielo en la tierra, o bien, lo que el hombre ve de la bóveda celeste.

«Los hombres traen el cielo y lo representan en la tierra, dando un concepto netamente simbólico de lo que en ese día sucedía en la bóveda celeste», puntualizó.

Respecto al sincretismo religioso, estableció que una muestra es la ubicación de la cabeza de la Virgen María en la constelación de León, símbolo de la fuerza.

«En medio del cuerpo, según la carta astronómica de esa fecha, está el conjunto de estrellas denominada como Libra, que es el equilibrio y la justicia», aseveró.

Expuso que bajo los pies de la advocación de la virgen María, está el sol para imponer a una mujer cuya cabeza ya estaba en el cenit, es decir, se impone a todo.

Sostuvo que este cálculo astronómico data del 12 de diciembre de 1531, a las 7 horas 15 minutos y 46 segundos, «justamente cuando se registra la máxima duración de la noche».

Salazar Gamboa añadió además que en los cálculos se tomó en cuenta el lugar, ya que el Tepeyac tiene una latitud de 225 grados y una longitud de 99 grados.

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